Los principios de un revolucionario

Son las conductas políticas y sociales que los revolucionarios deben practicar en la vida diaria y en la lucha

1) Teniendo en cuenta que la riqueza de nuestro País, la industria, las grandes extensiones de tierras, las empresas de servicios, los bancos y los grandes comercios como son los supermercados, están todos en manos de los capitales extranjeros, que se llevan la ganancia hacia fuera, mientras el pueblo argentino se queda con la contaminación del aire, el agua, y la tierra y en la peor pobreza. Nuestro primer principio es entablar una irreconciliable pelea contra el sistema capitalista en su etapa imperialista hasta voltearlo. Irreconciliable quiere decir que no conciliamos con los gobiernos y los funcionarios del sistema, que son agentes de esos capitales. No transamos y al contrario, les damos una pelea a muerte hasta instaurar en cada país gobiernos de los trabajadores y los pueblos, como primer paso hacia el socialismo. Lo contrario a una persona principista es una oportunista. Esto quiere decir que está esperando la oportunidad para acomodarse él, sin importarle los compañeros, la organización y menos el pueblo y la revolución. El oportunista va para donde sopla el viento y se vende en la primera oportunidad que encuentre.

2) Dijimos que nuestro primer principio es la lucha por voltear el sistema capitalista imperialista mundial, algo que implica un segundo principio, y es que estamos con los países dominados, explotados, coloniales o como lo llaman ahora “emergentes”. Países que como Argentina son saqueados permanentemente por el imperialismo. En caso de enfrentamiento bélico de un país sometido contra el imperialismo, nosotros estamos con el país dominado, aunque éste tenga una dictadura. Hacemos un frente con el gobierno para enfrentar a nuestro principal enemigo. Porque los primero es lo primero. Echar al imperialismo y luego continuar la lucha contra la dictadura y por imponer nuestro Gobierno. En ese caso, para ir al extremo, digamos que estamos con la dictadura colonial en contra de la democracia imperialista. Esto es así, porque el sometimiento a que nos impone el imperialismo es la peor dictadura que sufrimos los pueblos dominados.

3) Un tercer principio es que en la lucha contra el imperialismo, o sea, contra la dominación extranjera, tenemos como objetivo la expropiación sin indemnización de todas las empresas multinacionales que se llevan al extranjero el esfuerzo de los trabajadores y la riqueza de nuestro suelo. Peleamos por la estatización de todas esas grandes empresas y un gobierno de los trabajadores las declararía propiedad de todo el pueblo. Digamos de paso que la expropiación de las empresas extranjeras o no, nos permitiría contar con una gran riqueza, para la construcción de viviendas, dar empleo, aumentar los salarios y ayudar a las pequeñas y medianas empresas, entre otras cosas. O sea, para garantizar la propiedad del pueblo. Como parte de éste principio, digamos que un revolucionario jamás se puede oponer a la expropiación de cualquier empresa imperialista, o de capitales desconocido como el caso Ciccone o ser neutral en éste tema, con el pretexto de que en este país dominado hay un mal gobierno. O un Gobierno dictatorial o corrupto. El que asume esta conducta, inconcientemente es un oportunista, o concientemente un vendido a los capitales extranjeros y un traidor a la patria y a la revolución. Peleamos por la estatización siendo consciente que no es nuestro estado. Pero estaremos impidiendo que se lleven nuestra riqueza, que las multinacionales contaminen el medio ambiente y conduzcan a nuestros pueblos a la pobreza, a la desnutrición y a la muerte. Luego seguimos peleando contra el Gobierno. La pelea la llevamos a cabo aunque nos quedemos en la absoluta soledad política. Si esperamos que la burguesía nacional, agente del imperialismo nos acompañe, estamos perdidos. En los últimos tiempos, surgió una poderosa corriente mundial en contra de la estatización, con el pretexto que los gobierno coloniales o semicoloniales, son antidemocráticos, vendidos, etc. No hay dudas que este movimiento está manipulado por el imperialismo.

4) Otro principio para los revolucionarios, es la pelea codo a codo con los compañeros partidarios o extrapartidarias, y estar dispuestos a dar la vida antes que dejarlo que los golpeen, los maten o los encierren en la cárcel. Tomemos el ejemplo de Darío Santillán, que sabiendo que corría peligro su vida, quiso socorrer a Kosteki, a quien no conocía, pero lo mataron de un escopetazo en la Estación Avellaneda. ¿Conocemos lo que hizo el Sargento Cabral en la Batalla de San Lorenzo? Cuando vio caer el caballo de San Martín, apretándolo, en medio de los cañonazos se acercó y lo sacó el animal de encima. Salvó la vida del Gran Capitán, él murió, pero se ganó la batalla contra el extranjero.

5) También uno de los principios revolucionarios es la honestidad. La mentira o los robos por ejemplo, son conductas que pertenecen al enemigo. Un revolucionario principista no solo debe ser honesto, sino que debe estar orgulloso de su honestidad. El que roba a los compañeros, es decir, al movimiento, o cualquier persona, deja de ser principista si alguna vez lo fue, para pasarse a la moral del enemigo. No merece llamarse compañero. Y tarde o temprano, cuando los compañeros se den cuenta serán expulsados de la Organización.

6) La solidaridad entre revolucionarios y con los trabajadores y el pueblo, es también una cuestión de principio. Estar atentos y viendo cómo están los compañeros para poder ayudarlos es fundamental y debe nacer espontáneamente de todos los luchadores.

7) También una cuestiones de principio, es la defensa de las organizaciones obreras, por más burocráticos que sean los dirigentes. Los sindicatos son, por ejemplo, organizaciones obreras y los defendemos frente a un ataque de los patrones, de los capitalistas. Aquí nuevamente: el que se niega a defender una organización obrera de un ataque capitalista, con el pretexto de que los dirigentes son burocráticos o patronales, vendidos, etc., les están haciendo el juego a las clases ricas y perjudicando a los trabajadores. Algunos lo pueden hacer por inocentes pero otros por traidores y vendidos. Cuando la dictadura militar encarceló a Lorenzo Miguel, el más odiado y corrupto dirigente del Gremio metalúrgico, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) fue principista al reclamar la libertad del criminal Lorenzo Miguel, aún con el rechazo de muchos compañeros. No defenderlo significaba que le dábamos autoridad a la dictadura para meter preso a un dirigente obrero. Ya que el que calla otorga.

8) Hay más cuestiones de principios. Sin que sea la última, digamos que es una cuestión de principio defender la democracia burguesa frente a los golpes militares y las dictaduras. Cuando se produjo el golpe militar en 1976 y metieron presa a la presidenta Isabel Perón, elegida por el pueblo, pero odiada junto a López Rega por toda la gente, El Partido Socialista de los Trabajadores, (PST) antecesor del MAS y nuestro Movimiento, salió a reclamar la libertad de Isabel, aún con la desaprobación de muchos compañeros, que inocentemente les hacían el juego a la dictadura Militar criminal y corrupta.

9) Es una cuestión de principio para el MIJD la democracia obrera. Es un régimen muy diferente a la democracia burguesa o burocrática. En Argentina toda la vida nos regimos por la democracia indirecta. La Constitución Nacional dice en su Artículo 22: El pueblo no delibera ni gobierna más que por medio de sus representantes. Pero resulta que nuestros representantes, que son los diputados, los jueces, el o la presidente y sus ministros, son todos una manga de corruptos, mafiosos, tránfugas y criminales. El MIJD desde ahora ya viene aplicando la democracia directa, es decir, la democracia obrera. Una constitución revolucionaria tendría que decir más o menos así: El pueblo delibera y gobierna en forma directa, no necesita ni admite ningún tipo de representante. Un Gobierno de los trabajadores expropiaría todas las grandes empresas multinacionales y las declararía de propiedad de todo el pueblo. Éste gobernaría por medio de asambleas populares que se organizarían en todos los rincones del País para decidir qué se hacen con los grandes temas nacionales, como por ejemplo, las expropiaciones, o la suspensión del pago de la deuda externa. O el destino de los fondos públicos.

Los problemas que tienen Hugo Chávez, Evo Morales, o Correa de Ecuador, es que se niegan a promover la democracia directa y una persona decide todo. Cuando no existe la democracia directa, es decir, cuando no hay control sobre las empresas y el Estado, nace la corrupción y la riqueza por un lado y la más extrema pobreza por otro.

El respeto a las cuestiones de principio, es de vida o muerte para una organización revolucionaria. 
Ovidio Pepe

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