"Un espacio para quienes ven vedado el acceso a la educación superior"


“La escuela es el lugar donde se hacen amigos, no se trata sólo de edificios, aulas, salas, pizarras, programas, horarios, conceptos. Es sobre todo gente. Gente que trabaja, que estudia, que se alegra, se conoce, se estima”. La definición pertenece al educador y pensador brasileño Paulo Freire, ávido defensor de la educación popular y de los sectores oprimidos.


Con postulados similares y un planteo cuestionador a la enseñanza tradicional, la Universidad Popular del Movimiento de Jubilados y Desocupados desarrolló hace seis años un espacio propio que hoy tiene presencia en nueve provincias argentinas. 

Una treintena de anexos y sedes dan cuenta del exponencial crecimiento de ese proyecto en el Chaco. El fenómeno se atribuye a la respuesta oportuna y efectiva que supo interpretar las demandas de formación para el trabajo de una población mayoritariamente adulta y que no puede costear estudios superiores en el sector privado. 

Definiciones y diferencias 

Lo popular no sólo es lo opuesto a lo formal. La educación popular se basa en el diálogo, encuentro y reflexión, una práctica que en tiempos dictatoriales fue duramente atacado y que hasta el presente carga con el sesgo de reclutamiento político. A la educación popular también se define como el espacio donde nadie educa nadie, sino que todos se autoeducan para generar conocimiento popular y colectivo. Para ejemplificar situaciones Carlos López, rector de la Universidad Popular del MIJD, cita algunas cifras. De los 15.000 inscriptos iniciales este año, la cifra se elevó a 20.000 en tan solo dos semanas. La estimación se dio días antes del comienzo de clases en la última semana de marzo. 

¿Cómo se explica semejante demanda?, ¿qué encuentran tantas personas en ese espacio?, y ¿qué características tiene la población que acude a él? 

Lo más buscado 

López explica que hay diversidad de necesidades acordes con cada lugar y a partir de ellas ‘se arman’ talleres, cursos y carreras. “Acá las propuestas nacen de abajo hacia arriba”, define. No obstante el profesor admite: “Nunca imaginamos que hubiera tanta demanda de carreras relacionadas con la salud”. Para citar un caso vale mencionar a Auxiliar en enfermería, una oferta que cuenta con tantos interesados que se dicta en tres turnos. Con previsiones para abrir un curso, los 500 inscriptos obligaron a disponer de tres. “Es bastante complicado armar todo, sobre todo por los horarios disponibles y asegurar que la mayoría pueda concurrir, pero se puede”, narra López optimista. 

En la Universidad Popular del MIJD aún no hay egresados de carreras pero sí de cursos, con más de 2.500 personas que ya obtuvieron su título. Esa cifra generó un efecto contagio que multiplicó la oferta. 

Un problema de autoestima 

Pero hay más. La posibilidad de acceder en un ambiente más acorde con la realidad de los estudiantes, en su mayoría adultos con hijos, que no completaron una escolarización básica, con o sin ocupación, pero ávidos por ampliar sus oportunidades laborales. 

“Muchos de nuestros estudiantes creen que tienen ciertas oportunidades vedadas para ingresar a la educación superior; manifiestan un menosprecio de sí, entonces hacen algo chiquito, pero cuando ven que tienen posibilidades y condiciones van por más y refuerzan su autoestima”, interpreta López. 

Los cursos pueden extenderse desde unos pocos meses hasta un año, en tanto que las carreras tienen una duración de tres años. Por cada cuatro inscriptos, tres eligen un curso y solo uno opta por una carrera. De todas maneras la institución asegura que invita a quienes están próximos a terminar un curso a inscribirse en una carrera. 

Docentes que no cobran sueldo 

“Los anexos se abren en función de quienes tienen ganas de aprender y enseñar”, define López. En el caso de los últimos, un rasgo peculiar rompe con las estructuras conocidas: los profesores no perciben salario, su trabajo es voluntario. 

Son casi 423 los docentes que eligen transitar ese camino. La mayoría tiene otro ingreso que garantiza su subsistencia. 

En 2010 se dio una situación particular, el movimiento pidió una ayuda especial al Ministerio de Educación del Chaco. Al final obtuvo un subsidio que originalmente fue de 30.000 pesos pero con los descuentos de impuestos lo que quedó se distribuyó entre unos 120 docentes. De 200 a 400 pesos por todo concepto. Una evidencia que los docentes que allí trabajan no lo hacen por el salario. 

Consultado sobre cuán dificultoso es hallar profesores interesados en trabajar bajo esas condiciones, el rector asegura que desde el inicio hace casi tres años no hubo problemas para encontrarlos para dictar clase en todas las carreras. “Los buscamos a partir de sus antecedentes y de su trayectoria laboral y los invitamos a dar horas de su conocimiento, y la mayoría acepta”, puntualiza. 

La calidad 

En semejantes condiciones, ¿es posible garantizar calidad? López sostiene que sí; enumera los controles para el ejercicio laboral previstos por la organización.”Aquí no existe el trabajo unipersonal, contamos con un departamento de estudio y en todas las materias los profesores trabajan de a dos”, describe. 

Además menciona que se conforman consejos académicos en 33 centros de la provincia a fin de supervisar la marcha de la oferta, hacer adecuaciones necesarias y revisar otras características que a diario plantea la institución. 

Sobre el futuro de las carreras una vez que sus egresados obtienen su título (un hecho que aún no ocurrió porque las carreras están a mitad de la cursada), el rector explica que a diferencia de otras ofertas académicas que buscan perpetuarse, la universidad popular tiene otra lógica. 

“Todo es en función de los intereses de los egresados, se analizan nuevas ofertas pero no estamos obligados a mantener nada”, afirma López. 


Carlos López, rector 

“Empezamos en los barrios, como alternativa a la escuela tradicional” 

A diferencia de un ámbito académico o de educación superior tradicional, en la universidad popular la premisa es generar las posibilidades para aprender y enseñar en poblaciones con graves dificultades de acceso a los primeros. 
“Empezamos en los barrios, peleábamos contra el ‘ya tienen una escuela cerca’, porque sabemos que por razones económicas, culturales y sociales eran excluidos”, explica el rector de la Universidad Popular del MIJD Carlos López. 
Para el docente es necesario desterrar mitos, enfrentar prejuicios y alentar al cambio “para un adulto que dejó de estudiar hace tiempo, retomar le cuesta más, es necesario tener contemplaciones; no es una cuestión que tenga que ver con la pereza mental, sino con las carencias”, amplía. 

En promedio la edad de los estudiantes es diversa. Los hay desde adolescentes hasta personas adultas mayores. Pero podría afirmarse que el universo comprende a una mayoría de unos 30 a 50 años. 

Para cursar estudios en la universidad del MIJD no hay exigencias ni condicionamientos ideológicos o políticos de ningún tipo. “Nadie exige afiliaciones, solamente se pide respetar a los demás”, acota el rector. 

Sin embargo la identidad de la propuesta conlleva compromiso ciudadano y un posicionamiento muy distinto al de otras instituciones dedicadas a la formación superior. En consecuencia la institución ofrece a sus integrantes una introducción a las ciencias políticas, con el objetivo de que ese conocimiento sea de utilidad “en el camino que escoja cada uno”. 

Visión propia 

El MIJD comenzó el trámite de solicitud para la apertura de una sede de su Universidad Popular en la provincia a fines de 2008 pero hasta 2009 no se pudo comenzar nada porque la propuesta no se encuadraba normativamente ni en la figura de una institución estatal ni en la de una unidad educativa privada (UEP). Además, invertir fondos en un emprendimiento privado representaba contar con un capital inicial de cuatro millones de pesos. Pero además la discusión de fondo difería en la visión política con la que fue concebido el proyecto.

En poco tiempo obtuvieron el reconocimiento correspondiente hasta garantizar títulos oficiales en tres provincias: Chaco, Buenos Aires y San Luis. 

Casi todos dictan clase en lugares prestados. Iglesias, templos, salones comunitarios y hasta locales comerciales. En Resistencia la sede central está por avenida Hernandarias 976. Es fácil hallarla, basta con buscar la vereda más poblada de motos y la fachada amarilla, color que identifica al movimiento.

Abrazo fraterno

Raúl Castells, líder del movimiento nacional que impulsó la iniciativa hace seis años en el país y tres en el Chaco tradujo en cifras las características de la realidad actual. Para él la universidad del MIJD es un proyecto al que afirma siente “como si fuera un hijo”. 

La oferta es diversa y en cada sede responde a las necesidades de la población adulta que la acompañan. Se desarrolla en nueve provincias, comprende a 17 mil estudiantes y 510 docentes tiene entre sus exponentes mayores al Chaco con 36 ciudades sede. 

“Tengo solamente hecha la primaria y sin embargo celebro poder abrazar este sueño que armamos con miles de argentinos”, confesó Castells a NORTE. 

Los excluidos 

Con datos provistos por el Ministerio de Educación de la Nación lamenta que el 97 por ciento de los alumnos primarios ‘se quede en el camino’ al término de la universidad y que de los 600 que entran en una Facultad solamente se reciban 36. “De ellos 28 provienen de familias de clase alta o media alta, siete de clase media y solo uno pertenece a la clase trabajadora”, precisa. He allí el marco que dio origen a la universidad popular del movimiento. 

Impedida de otorgar títulos para carreras de grado por exigencias legales y acuerdos en ámbitos nacionales, la Universidad Popular ocupa un sitio distinto al de otras instituciones. Una exclusión que Castells interpreta como propia de quienes “no son oficialistas”, en tanto defiende el objetivo de convertir al proyecto para sea reconocido como universidad nacional. 

Una diputación que edifica aulas

Para el dirigente su propuesta difiere de otras fundamentalmente porque se elimina el cobro de un arancel. Consultado sobre características que la diferencian de, por ejemplo, la Universidad Popular de Resistencia señala: “Allí los docentes perciben salarios que en forma completa son pagos por el Estado y para asistir a algunas carreras hay que pagar algún arancel; nosotros no”. Sobre cómo se sustenta semejante estructura, declara que el dinero proviene de una decisión política: “La plata de la diputación nacional (obtenida en los últimos comicios) la usamos para edificar aulas, especialmente en el Chaco”. Este año el MIJD inauguró su tercer edificio propio en la provincia. En Concepción del Bermejo se construyeron tres aulas, y Castelli y Sáenz Peña completan los dos orgullosos ejemplos recientes. 

En la folletería que la institución distribuye a sus alumnos convoca: “Necesitamos intelectuales que planteen cambiar la realidad y no justificadores de las desigualdades. Sobre la base de la gratuidad de todas las acciones y la laicidad de la enseñanza, propiciamos: enseñar y aprender para que la educación sea un derecho para todos y no una mercancía para algunos”. 

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