El engaño: una Escuela política

Escasez de viviendas, tomas de tierras y engaño de la clase dominante

Una de las políticas centrales de las clases dominantes es el engaño a las clases dominadas, para disimular el enriquecimiento de una minoría y el empobrecimiento de la mayoría. El engaño es un disfraz donde la realidad se nos aparece con otro rostro. Veamos por ejemplo, la toma de tierras: la realidad es que en el País faltan alrededor de cinco millones de viviendas y que año tras año se agrava la situación, debido a que cientos de miles de jóvenes llegan a la mayoría de edad y necesitan “un techo propio”. Y si tomamos en cuenta el crecimiento de la desocupación, el problema es más que grave: es desesperante.
El Gobierno de Cristina Kirchner viene propagandizando por todos los medios que se han construido mil viviendas aquí, dos mil allá, pero concretamente no superan las 30 mil anuales en todo el País. O sea, algo totalmente insuficiente para satisfacer la creciente necesidad. En pocas palabras, es un engaño al pueblo, al que se le informa solo una parte de la realidad, o sea, la parte buena, la que les conviene. Hay que sumar a esta situación, que para el 2011, el Gobierno Nacional redujo en un 40% el presupuesto para viviendas.
Por otra parte, ante la falta de viviendas, es lógico entonces, que los sin techo ocupen tierras. Y aquí viene otro engaño que se complementa con el anterior: “Todos los que ocupan tierras tienen casa”. Con eso se oculta la realidad de la escasez de viviendas. Es seguro que algunos deshonestos ocupan algunos lotes, que después venden; pero la inmensa mayoría de la gente que se posesiona de algún lote, es porque de verdad necesita un techo propio, y ante tanta pobreza no están en condiciones de comprar ni un pedazo de tierra.

Ante la desocupación y subocupación masiva, casi nadie tiene el poder adquisitivo para comprar un terreno y construir su casa. Entonces mucha gente vive “encimada” en la vieja casa de los padres. Por lo tanto, es lógico que muchos jefes de familia vayan a ocupar un pedazo de tierra, para poder ubicar a sus hijos nueras, nietos, carenciados. Sumado a todos aquellos que alquilan, y que ya no les alcanza para pagar. Pero los políticos y el gobierno se aprovechan para más engaño e insisten: “Esta gente tiene vivienda”.
Los “poderosos” se cuidan muy bien de que el pueblo pobre no se de cuenta del poder que tiene cuando se une y tiene un objetivo común. Por eso, cuando la gente sale a tomar terrenos como en Soldati, hicieron una intensa campaña para ocultar el poder popular: “Son personas a quienes las llevan de las narices los narcotraficantes que quieren hacer una villa para unirla con otras ya existente”. O “Los que están detrás de todo esto son punteros políticos”. Cualquier cosa, menos reconocer la lucha y el poder popular. Y así podemos continuar mencionando un sin fin de engaños o mentiras.
El engaño permanente es el arma preferida de las clases dominantes, para preservar su poder, tan o más importante que las fuerzas armadas o cualquier otra institución del estado. El problema para las clases ricas es que la mentira tiene patas cortas y cuando el pueblo advierte que lo han engañado, suele hacer temblar los suelos.

Porque finalmente, la gente se guía por sus necesidades antes que por el discurso de los políticos. Como en aquella crisis de diciembre del 2001, donde la clase media oprimida salió a reclamar. Porque cada vez es más claro que el Pueblo no soporta más mentiras, por los muertos inocentes del 2001, porque Pocho Vive, digamos basta al engaño.

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