Cuando el apriete tiene aliento de pingüino

Durante nuestra última reunión de coordinación general el clima se volvió oscuro, no por lluvias y tormentas, sino de temor. ¿Temor en el MIJD? No, temor de los poderosos. El temor de los que se abusan del pueblo, y su miedo al ver que los oprimidos no se callan, que los marginados se organizan y los débiles unidos hacen fuerza.
La madrugada se inició con un vidrio roto en nuestra sede, en Buenos Aires, y una enorme piedra como responsable material, ¿y el responsable intelectual? No sabemos, pero seguramente no sea alguien que practique el diálogo, el consenso y la tolerancia, ni mucho menos alguien con el coraje de luchar de frente, porque este hecho se dio sin posibilidad de defensa.
La reunión transcurrió de todos modos ya en la mañana y un compañero nos contaba la valentía de Pablo, uno de los tantos jubilados que por convicción política participa de nuestras asambleas. Este jubilado de Florencio Varela que denunció ante un medio local que "En el Hogar Sallarés no todo está bien", que hay ciertas personas del establecimiento que se abusan de su autoridad, dan malos tratos e incluso se quedan con parte de la jubilación de los ancianos. Con total espontaneidad hubieramos aplaudido de pie el valor de Pablo, pero no pudimos. Pablo no vino, no lo dejaron salir ese día.
Si algo faltaba, era saber que nuestra voluntad política y partidaria, de organización de jubilados, jovenes, trabajadores y desocupados también había sido afectada directamente. Nuestro trabajo a pulmón para lograr las afiliaciones correspondientes en Jujuy, no es bien visto para ciertos punteros oficialistas. Sí, en las tierras de Milagros Sala dos de nuestros compañeros fueron agredidos por su labor política crítica del kirchnerismo. Golpes, amenazas, Sala, Kirchner, ¿qué casualidad no?
Es una enorme casualidad que los poderosos tengan miedo a que el pueblo se levante y por eso se amparan en leyes express que de un día para otro obliga a los partidos chicos a presentar sus afiliaciones cuando todos saben el costo de movilidad, papelería, y trámites que eso conlleva. Para los poderosos no son importante los costos. Ellos tienen tiempo para pensar en candidaturas testimoniales, en pseudo partidos derivados del justicialismo, en ser presidenciables a pesar de tener origen colombiano, en decirse bonaerenses cuando amasaron toda su fortuna en la Patagonia, en hacer actos todos los días con recursos públicos y encima con un canal propio que confunde las acciones gubernamentales con lo público.
Los poderosos no tienen problemas de dinero, pero tienen miedo, y por eso atacan, por eso reprimen, por eso aprietan. Aprietan como mecanismo de defensa, porque hay millones y millones de personas que ya le mojaron la oreja, que no se callan y que se cansaron de esta forma de gobierno.

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Ruben Cardozo
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